La región del Patía, que ha estado plagada de desafíos por mucho tiempo, desde el renqueante conflicto armado hasta sequías frecuentes, es un microcosmo del enigma de la ganadería en Colombia. Con casi 23 millones de cabezas de ganado y un promedio de un animal por cada 1.4 hectáreas, es bastante tierra para no tantas vacas.

Es casi la receta para una calamidad ambiental. La degradación de la tierra debido a la producción pecuaria es generalizada, se han talado bosques para despejar el camino para zonas de pastoreo, y la ganadería es la responsable de una gran parte de las emisiones de gases de efecto invernadero de origen agrícola del país. No obstante, en un lugar como Patía, las opciones son pocas. Casi todos dependen de la ganadería – todas las casi 35.000 personas que la habitan.

Hasta 2007, Noelí Angulo dejaba pastorear su ganado en los pastos naturalizados que brotan cada año. Sin embargo, estos pastos no eran particularmente nutritivos o resilientes cuando faltaban las lluvias; la productividad y las ganancias eran bajas. Luego todo cambió. Activo en su asociación local de agricultores, los científicos de la Universidad del Cauca (Unicauca) y del CIAT le preguntaron si estaría dispuesto a ensayar el silvopastoralismo – un sistema de pastoreo rotativo que combina nutritivos pastos forrajeros, hierbas, arbustos y árboles.

Además de la promesa de aumentar la productividad tanto del ganado como de la tierra, los forrajes mejorados empleados en los sistemas silvopastoriles también pueden soportar la sequía, ayudar a restaurar los suelos degradados y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas con la ganadería. Noelí aceptó.

Para establecer el sistema, dividió su tierra en seis parcelas. En una sembró Brachiaria, un pasto de hojas anchas nativo de África que crece en matas hasta la altura de la rodilla. Es más nutritiva y tolerante a la sequía que los delgados pastos silvestres. Su sistema de raíces profundas además ayuda a acumular carbono del suelo y estabiliza el suelo, protegiéndolo de la erosión. Más fácil de digerir y más nutritivo que los pastos naturalizados, el ganado alimentado con Brachiaria es más productivo, lo cual genera menos emisiones de metano por kilo de carne o litro de leche.

En una parcela adyacente, sembró Canavalia, una leguminosa robusta ante la sequía, conservada en el banco de germoplasma del CIAT, en asocio con pastos mejorados. Además de ser una fuente sabrosa de proteína para el ganado, fija el nitrógeno atmosférico, contribuyendo así a la fertilidad del suelo y a reducir la necesidad de usar fertilizante. En parcelas adicionales, sembró otros forrajes nutritivos, junto con otros naturalizados e introdujo arbustos leguminosos y árboles para proporcionar alimento y sombra.

Noelí mueve al ganado de parcela en parcela casi cada cinco días. El período de descanso permite que las parcelas pastoreadas se recuperen en un ciclo que – con un buen manejo – pueda continuar productivamente por años.

Los resultados de alguna manera explican la gran sonrisa de Noelí: actualmente, sus 20 vacas pastorean en 5 hectáreas – más de cinco veces la densidad de carga promedio del ganado en Colombia. Obtiene un 50% más de leche de cada vaca, y sus animales alcanzan el peso de sacrificio en tres años en lugar de cinco. Los ingresos extra le han ayudado a enviar a su hijo a la universidad; espera convertirse en veterinario. Cuando una sequía severa azotó al Patía en 2012, muchos agricultores perdieron su ganado por la deshidratación o la inanición; el de Noelí – fortificado con una buena dieta a base de pastos resilientes a la sequía – sobrevivió; no perdió ni una sola res.

El CIAT y Unicauca están probando distintos forrajes mejorados y sistemas silvopastoriles como el de Noelí y desde ya unos 200 agricultores en Patía ya están ensayando el silvopastoralismo o los forrajes mejorados que son la base del sistema. También están investigando cuellos de botella que podrían evitar la adopción generalizada, como el acceso a semillas de forrajes, y formas de introducir las prácticas de manejo actuales que el silvopastoralismo requiere. Estos y otros temas demandarán un trabajo fuerte.

En todo caso, probablemente nunca ha habido un mejor momento para ensayar. Cincuenta años de conflicto armado en Colombia han generado una enorme inestabilidad rural. El prospecto de paz significa que muchos agricultores – y entidades financieras – pueden empezar a pensar seriamente en invertir a largo plazo por primera vez en generaciones. Si esas inversiones pueden contribuir a lograr sistemas pecuarios más productivos, resilientes y sostenibles, los retornos ambientales podrían ser enormes.