La yuca brinda nuevas oportunidades económicas en Centroamérica

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El Programa Regional de Investigación e Innovación por Cadenas de Valor Agrícola (PRIICA) fue una iniciativa impulsada por la Unión Europea y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), sede Costa Rica.

Se desarrolló entre 2015 y 2017 con acciones en seis países de Centro América: Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, bajo el concepto de redes regionales por cultivo: aguacate, papa, tomate y yuca.

En conjunto con los institutos nacionales de investigación agrícola, la asesoría técnica de la Corporación Clayuca y el acompañamiento del CIAT, se trabajó específicamente en el fortalecimiento de la cadena agroproductiva de la yuca en cada país.

“La red regional de la yuca busca, además de convertir este tubérculo en un alimento ‘estrella’ en la canasta familiar centroamericana, dar un salto hacia otro eslabón de la cadena como es la transformación, asimismo, promover el desarrollo agroindustrial y el mercado tipo exportación”, manifestó Manuel Pérez, enlace de la representación del IICA en Nicaragua para el proyecto PRIICA.

En el marco del programa, 15 variedades de yuca conservadas en el banco de germoplasma del CIAT fueron seleccionadas, duplicadas in vitro y llevadas en 2016 a los seis países.

Aprovechando el creciente mercado del almidón de yuca

 

Reynaldo Mercado es uno de los agricultores de Masaya en la región metropolitana de Managua en Nicaragua, que decidió apostarle a las nuevas variedades de yuca cuando, hace tres años, el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) le propuso cultivar nuevas variedades mejoradas.

Hoy, su finca se ha convertido en un ‘banco de semillas’ donde tiene sembradas INTA Perla, INTA Amarilla, INTA Reyna, INTA Dorada, INTA Rama e INTA Nicaragua, variedades mejor adaptadas a las condiciones agroecológicas locales. Estas variedades, bautizadas así por el INTA, habían ingresado al país procedentes del CIAT entre 2003 y 2004.

Reynaldo y los 16 agricultores que conforman su cooperativa producen material de siembra de alta calidad que venden a los pequeños productores de la región a través de su banco de semillas comunitario.

Pero la siembra de yuca no solo les está generando ingresos por la producción de estacas, sino también por la producción de las raíces.

Acompañadas de buenas prácticas agronómicas, estas variedades tienen rendimientos de hasta 33 toneladas por hectárea (un 63% más que las tradicionales), el contenido de materia seca supera el 35% y son resistentes a plagas y enfermedades propias de la zona. Además, la calidad de sus raíces garantiza la aceptabilidad como materia prima para las fábricas procesadoras de almidón de yuca que operan en la región como Almidones de Centroamérica (Alcasa), Nicarahuac y Opportunity International.

Ahora Reynaldo está experimentando con las nuevas variedades que recién llegaron del CIAT y, como a las anteriores, les ve potencial productivo, tanto como material de siembra, como para la industria.

Agregándole valor a la yuca amarilla

 

Conny Barahona pertenece a la misma cooperativa que Reynaldo. Hace aproximadamente un año, comenzó a cultivar INTA Amarilla. Contrariamente a las variedades de yuca que se cultivan en la zona, la pulpa no es blanca sino amarilla, debido a su contenido de betacaroteno (4 ppm), un importante precursor de micronutrientes de la vitamina A, que se requiere en pequeñas cantidades para el normal funcionamiento de la visión, el crecimiento, la reproducción y el sistema inmunológico.

La INTA Amarilla o CM 6119-5, su número de registro al salir del banco de germoplasma del CIAT en el año 2004, a través de la Corporación Clayuca, fue especialmente mejorada y validada por el INTA y puesta al servicio de los agricultores en el año 2015 como una variedad con alto contenido nutricional.

INTA Amarilla produce hasta tres veces más que las variedades “criollas”. Con un adecuado manejo, una manzana de INTA Amarilla (equivalente a 0,7 hectáreas) puede producir hasta 361 quintales (16,4 toneladas), frente a los 154 quintales que deja una criolla.

Es adecuada para consumo fresco gracias a sus buenas características culinarias (poca fibra y fácil pelado) y su tiempo de cocción de 25 minutos, como para uso industrial gracias a su 35% de materia seca. Además, es resistente a plagas y enfermedades.

Gracias a clases organizadas por el INTA, Conny aprendió a agregar valor a su producto preparando chips de yuca. Y esto realmente agrega valor. Un quintal de yuca fresca lo vende por 140 córdobas en el mercado, mientras ya como producto transformado, alcanza a llevarse a casa en un buen día 1.200 córdobas, unos US$40.