Poniendo alimentos asequibles y nutritivos al alcance de los pobres en Kenia y Uganda

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La falta de diversidad en las dietas se encuentra a menudo en la raíz del problema de la desnutrición entre la población de escasos recursos. Las leguminosas que no son productos básicos como el fríjol y las verduras como el amaranto pueden incrementar la diversidad de las dietas y lograr que sea más balanceada, pero estos cultivos tienden a ser subutilizados, aseguran los investigadores.

Aunque los alimentos elaborados con múltiples ingredientes – cereales, leguminosas y verduras – ya existen, no se ajustan a las necesidades de las poblaciones de bajos ingresos. En su lugar, el procesamiento industrial de los alimentos atiende principalmente a los consumidores de medianos y altos ingresos. Los alimentos nutritivos son desarrollados, producidos, distribuidos y comercializados de maneras que no tienen en cuenta las circunstancias económicas y sociales de los consumidores más pobres.

Mediante un enfoque holístico, el CIAT y sus socios están vinculando los pequeños sistemas de producción de fríjol en Kenia y Uganda con mercados informales como una forma de poner alimentos asequibles, inocuos y nutritivos al alcance de los hogares más vulnerables en los dos países.

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Formulando una papilla nutritiva que satisface las necesidades y el gusto del consumidor

El CIAT llevó a cabo una encuesta en varios vecindarios y suburbios pobres de Nairobi en Kenia y Kampala en Uganda, enfocándose especialmente en los hábitos y preferencias alimentarias de las mujeres en edades de 15 a 49 años y niños de 6 a 59 meses.

El CIAT y sus socios recomendaron entonces la formulación de harinas de papilla elaboradas con múltiples ingredientes abastecidos directamente con asociaciones de agricultores locales y que parten de la diversidad presente en los sistemas locales de producción: millo, fríjol, hojas de amaranto, amaranto en grano, camote, maíz, yuca y calabaza. Sin adicionar ningún nutriente de forma artificial.

Dos compañías locales, socias del proyecto – Azuri Health Limited en Kenia y Nutreal en Uganda – lanzarán la harina de papilla a base de fríjol, especialmente formulada, en abril/mayo 2018.

“Aunque una familia no tenga los recursos para cocinar los fríjoles secos, verduras y cereales tres veces al día, pueden cocinar la papilla, la cual es densa en nutrientes y asequible, como un suplemento ideal en la dieta”, aseguró la Dra. Christine Chege, economista agrícola y nutricionista en la oficina de Nairobi del CIAT.

Beneficiando a los pequeños agricultores y agregando valor a lo largo de la cadena de suministro

La Metodología LINK del CIAT se está usando para lograr que la relación comercial entre compradores y las asociaciones de agricultores que abastecen los productos, sea incluyente y enfocada en resultados en materia de nutrición.

Por ejemplo, 500 agricultores en el área de Nairobi siembran actualmente fríjol mejorado, que puede rendir el doble del precio de las variedades locales. Mientras que una bolsa de fríjol generalmente tiene salida por US$34, Azuri ha prometido US$58 para usar los fríjoles en su fórmula de harina.

Además, se han instalado secadores de burbujas solares como parte del proyecto y ofrecen una alternativa de bajo costo, eficiente en el uso de energía frente al secado solar abierto, un método tradicional asociado con importantes pérdidas físicas poscosecha, fuga de nutrientes y contaminación.

El Dr. Marcus Nagle, experto en poscosecha y socio del proyecto de la Universidad de Hohenheim – que ayudó a desarrollar la tecnología – afirmó: “El secado al sol tradicional está asociado con pérdidas poscosecha de hasta un 15–25 por ciento en peso y calidad, lo que conduce a reducir los precios que reciben en un 10–20 por ciento”.

Los secadores retienen la calidad del fríjol y su valor comercial y preservan todas las calidades nutricionales antes de que los fríjoles se conviertan en harina de papilla. La tecnología se está probando con agricultores y procesadores también con otros productos básicos como las hojas y las semillas de amaranto, maíz y yuca en Kenia y Uganda para mejorar la inocuidad de los alimentos, el valor nutricional y la rentabilidad antes de ser introducidos de una forma más amplia.

El proyecto, denominado “Logrando que las cadenas de valor funcionen a favor de la seguridad alimentaria y nutricional de poblaciones vulnerables en el oriente de África”, busca llegar a 50.000 consumidores rurales y urbanos en Kenia y Uganda.

El proyecto es una iniciativa de tres años (2016–2018) apoyada por BMZ y GIZ; el Programa de Investigación de CGIAR en Agricultura para la Nutrición y la Salud; y donantes de CGIAR. Es un proyecto conjunto entre la iniciativa de la Alianza Panafricana de Investigación en Fríjol (PABRA) y el CIAT. El proyecto es liderado por el CIAT, en colaboración con la Universidad de Hohenheim (UHOH), la Universidad de Göttingen (UGOE), Organización Keniana de Investigación Agrícola y Pecuaria (KALRO) y la Organización Nacional de Uganda de Investigación Agrícola (NARO).

Mayor información:

Fotos: Georgina Smith, Stephanie Malyon, CIAT