Filipinas y el CIAT forjan la resiliencia de las comunidades agrícolas ante el cambio climático

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Hacia 2050, la variabilidad y el cambio climático podrían costarle a la economía filipina más de US$500 millones al año. En efecto, el estrés hídrico y calórico creciente, la incidencia acumulada de plagas y enfermedades, y los cambios en la aptitud de los cultivos se encuentran entre los factores que se prevén harán colapsar los rendimientos de los cultivos. Esto hará que Filipinas sea incluso más dependiente de las importaciones de alimentos de primera necesidad como arroz, café, verduras y carne de cerdo.

Como respuesta frente a estos retos, el Departamento de Agricultura de Filipinas lanzó en 2013 la Iniciativa de Adaptación y Mitigación en la Agricultura (AMIA).

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AMIA busca incrementar la resiliencia de las comunidades agrícolas propensas a riesgos climáticos al expandir prácticas agrícolas que se ha comprobado mejoran la productividad de una manera sostenible. La iniciativa tiene como referente de información el perfil nacional de agricultura sostenible adaptada al clima (ASAC) publicado por el CIAT y el Programa de Investigación de CGIAR en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS) en 2017. El perfil brinda un panorama de los impactos probables del cambio climático en la agricultura en Filipinas, analiza la capacidad del país para responder, y revisa las prácticas sostenibles adaptadas al clima que existen actualmente.

El perfil ASAC brinda además recomendaciones para prioridades de inversión para cada región subnacional. Para apoyar la iniciativa, el CIAT ayudó a conducir una evaluación de vulnerabilidad frente a los riesgos climáticos para 10 de las 17 regiones del país con el fin de identificar las áreas en cada región que se encuentran en mayor riesgo. El nivel de vulnerabilidad se determina mediante una combinación de la exposición de una región a variaciones climáticas, sensibilidad de los cultivos a cambios en temperatura y precipitación, y la capacidad para adaptarse a la variabilidad y el cambio climático.

“Hemos usado las herramientas puestas a disposición por el CIAT, lo cual es muy importante para identificar las comunidades más vulnerables y priorizar los sitios en donde invertimos nuestros limitados recursos gubernamentales”, afirma Alicia Ilaga, Directora de la Oficina de Cambio Climático a nivel de Sistemas, Departamento de Agricultura (DA-SWCCO).

Se han identificado áreas especialmente vulnerables a los riesgos climáticos en cada una de las diez regiones. El municipio de Pontevedra en la provincia de Negros Occidental en la región central de Filipinas es una de estas áreas, con alto nivel de exposición a peligros relacionados con el clima, como inundaciones, deslizamientos causados por las lluvias, olas de tormentas, tifones y sequía.

Los agricultores en Negros Occidental ya se quejan de los rendimientos cada vez menores de arroz y maíz – el segundo y tercer cultivo más importantes de la provincia, después de la caña de azúcar – a pesar del creciente uso de fertilizantes. Esto no fue sorpresa. El perfil de ASAC de Filipinas menciona que, en todo el país, la siembra intensiva ha dado como resultado la degradación de la tierra, caracterizada por la erosión y el agotamiento de los nutrientes.

Según un análisis de costo-beneficio de las prácticas ASAC realizado por la Universidad Estatal de Visayas y el CIAT, un cambio hacia la agricultura orgánica y de la siembra directa al trasplante de arroz sería una inversión que valdría la pena desde una perspectiva económica, social y ambiental. La práctica está lista para generar cerca de US$200.000 en beneficios graduales durante 10 años en un sitio piloto de 480 hectáreas.

Algunos agricultores en la provincia han estado practicando la agricultura orgánica para devolverle la salud al suelo y aumentar la productividad. Una de ellas es Delia Edianel, quien ha venido cultivando arroz orgánico y usando variedades tolerantes a la sequía durante 5 años. Si bien los rendimientos en su primera temporada usando fertilizante orgánico no fueron muy buenos, desde entonces ha aprendido más acerca de la agricultura orgánica, y actualmente obtiene más de lo que generaba antes cuando usaba fertilizantes químicos.

Edianel ha aprendido cómo preparar su propio aminoácido de pescado combinando pescado y melaza para usar como fertilizante.

Por medio de AMIA, el gobierno planea poner a disponibilidad un conjunto integral de servicios de apoyo, que incluyen información climática, finanzas y pólizas de seguro, infraestructura resiliente al clima y tecnologías y prácticas, para el sector agropiscícola de Filipinas. Sin embargo, aunque algunos pequeños agricultores como Delia ya están adoptando prácticas resilientes al clima, el proceso de adopción es todavía lento debido a distintas razones. Estas incluyen la baja disponibilidad y acceso limitado a semilla mejorada, recursos financieros insuficientes para cubrir costos de inversión y servicios débiles de extensión.

El próximo paso, según Ilaga es establecer ‘territorios AMIA’, o comunidades modelo resilientes al clima. “Lo que queremos es reproducir esto en todas las partes del país”, dice ella. “El CIAT realmente nos puede ayudar a empaquetar propuestas que nos permitirían acceder a fuentes externas de financiación, tecnología y formación de capacidades para implementar la adaptación al cambio climático en todo el país”.

Fotos: Madelline Romero, CIAT

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